La vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto (en sus múltiples significaciones) deben considerarse como instrumentos que a manera de unas pinzas de laboratorio o unas antenas detectoras saca el hombre hacia fuera de sí para recoger muestras y datos del mundo exterior. Nuestros ojos, oídos y narices no salen de repente de nuestra cabeza en la punta de unas varillas para volver luego a sus sitios, pero funcionan como si lo hicieran así.
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